Por @cjorgereyes
Ahora que se confirmó que Rafa Nadal no lucirá en Londres 2012 ese chándal retro con el que la marca Bosco Sports decidió castigar a los olímpicos españoles, y que de paso tampoco será el abanderado de la delegación española, me pongo a pensar en qué integrante del CD Tenerife sería el adecuado para portar la blanquiazul en el próximo proyecto. Si fuera por uno, ese papel lo desempeñaría, sin el menor resquicio de duda, Álvaro Cervera.
Sobre la figura del entrenador guineano debería pivotar la construcción, no sé muy bien con qué materia prima, de un Tenerife que de nuevo tendrá como objetivo recuperar un lugar en el fútbol profesional. Para ello se necesita esa estabilidad en el banquillo de la que se carece, justo desde el día en que se invitó a José Luis Oltra a abandonar la Isla. Desde entonces, nadie fue capaz de liderar el vestuario del representativo como sí hizo el entrenador valenciano.
A partir de ahí, el camino de arropar cada decisión que tome el ex del Racing de Santander se convierte en condición casi indispensable para aspirar, por lo menos, a acercarse al objetivo. Cervera tiene tablas. Se conoce al dedillo la Segunda B, liquidó con solvencia su estreno en la Liga Adelante y solo erró en su afán, incluso desmedido, de tratar de ayudar al conjunto cántabro.
Le toca coger de nuevo impulso, y no es mal sitio Tenerife ni el Tenerife. Son pocos días, apenas unas horas, de presencia en El Mundialito, pero se confirma que el exinternacional español tiene carácter. Ese puntito de mala leche que demostraba en el terreno de juego, parece que también le acompaña en su etapa en los banquillos. Se le ve guerrero, con capacidad para manejar el grupo, y dispuesto, cuando toque (o él considere que toque) a llamar a las cosas por su nombre, de puertas para afuera y también en la intimidad del propio club.
Él y sus jugadores, aunque él con un papel preponderante. Huyo del recurrido su éxito será el del tinerfeñismo, por la obviedad del mensaje. Sí que espero que disponga de las herramientas y, sobre todo, del respaldo necesario para poner rumbo al objetivo. Ahí se podrá empezar a creer que es posible.



















